Mis cuates, ya llegó el galán de las arenas, el consentido de las Divas, listo para platicarles la historia de uno de los rudos más canijos de todos los tiempos, el Signo.
La década de los 80 estuvo marcada por batallas sanguinarias, por duelos en los que no bastaba vencer al adversario, había que humillarlo, lastimarlo, sangrarlo, hacerlo sufrir, y para eso, el Signo y sus Misioneros de la Muerte se pintaban solos.
Antonio Sánchez Rendón nació el 4 de septiembre de 1954 en Ocotlán de Morelos, Oaxaca, su contacto con la lucha libre se dio a finales de los 60, cuando quedó impactado al ver en acción a los Villanos y a Aníbal en la desaparecida Pista Revolución del DF.
A partir de 1969 comenzó a entrenar con el Chamaco Azteca, posteriormente los propios Villanos, Ray Mendoza y Felipe Ham Lee lo instruyeron en el arte del Gotch.
En 1971, el Signo debutó en los encordados profesionales, en su natal Oaxaca, y desde entonces demostró que era un rudo de polendas, un tipo dispuesto a todo con tal de terminar con la mano en alto.
Como enmascarado su historia tiene poco que presumir, aunque ganó la tapa de Gacela, quien posteriormente se convertiría en Black Terry.
En 1974, el Signo perdió su incógnita ante Gatum en la Arena Azteca, de primera impresión, nadie pensaba que ese joven podía tener un futuro importante sin máscara, pero el futuro le sonrió de gran manera.
Antonio Sánchez se unió a las huestes de Francisco Flores, con los independientes, y rápidamente escaló a las luchas estelares.
Su estilo era muy agresivo, sangrar a sus contrincantes parecía su deporte favorito, realmente gozaba viéndolos sufrir y despertando la ira de los aficionados, que rápidamente lo convirtieron en uno de los rudos más odiados.
A finales de los 70 era común verlo hacer dupla con el Lobo Rubio, con quien se entendía a las mil maravillas y conformaba una pareja de miedo. Pero era la época en que los tríos estaban de moda y la empresa decidió ponerles un compañero.
En ese entonces, un muy joven Juan Conrado, mejor conocido como el Texano, llegó para complementar el trío, que el periodista Héctor Valero bautizaría como: Los Misioneros de la Muerte.
La agrupación era un torbellino de marrullerías sobre el ring, su velocidad, sincronización y rudezas desmedidas acababan con cuanto rival se les pusiera enfrente, sin importar el resultado, para ellos las descalificaciones eran un triunfo, lo que valía para estos verdaderos malandrines de los encordados era lastimar a sus contrincantes.
Pero muy rápido sufrieron su primera baja, pues el Lobo Rubio fue enviado a Tabasco por parte de la promotora, y su lugar lo ocupó el Negro Navarro.
El Negro se integró a la perfección con Los Misioneros, quienes crearon un imperio de rudezas y terror, los Brazos, los Villanos, los Cadetes del Espacio, los Fantásticos y varios tríos técnicos más sufrieron con el Signo y sus muchachos.
Los Misioneros impactaban desde su ingreso al ring, ataviados con ropas a la usanza del Ku Klux Klan, a veces con ayudantes que les iban abriendo camino con antorchas mientras la arena estaba en penumbras, ocultándose entre la gente para sorprender a sus adversarios, o tomando posesión del ring e impidiendo que sus contrincantes siquiera pudieran subir, muchas veces aún no sonaba la campana para dar inicio a las acciones cuando sus rivales ya estaban bañados en sangre.
Fue tal la manera en que el Signo, el Texano y el Negro Navarro dominaban la lucha en los 80, que fueron elegidos para la despedida del Santo, quien acompañado del Solitario, Huracán Ramírez y Gori Guerrero hizo frente a los Misioneros de la Muerte y el Perro Aguayo.
Y cuando los técnicos fueron insuficientes para frenar al Signo y su equipo, se vinieron épicos duelos de rudos contra rudos, así, tríos como los Compadres del Diablo, los Infernales, el Triángulo de la Muerte, las Víboras Salvajes y varios más sufrieron ante la furia de los Misioneros.
Este trío dominó durante casi una década los encordados nacionales, pero a finales de los 80, el Texano tomó otro camino y se convirtió en enemigo del Signo y el Negro Navarro.
Black Power apareció para completar a Los Misioneros, que sin duda perdieron fuerza ante la salida de Juan Conrado, aunque siguieron cosechando logros importantes.
A lo largo de su carrera, el Signo fue campeón mundial welter, semicompleto y de tríos de la UWA, y ostentó también el nacional de tercias.
Con el declive de el grupo independiente, Toño Sánchez fue perdiendo su lugar estelar, incluso, en 1995 emigró a la AAA donde luchó como el Piromaniaco, pero fue sólo por un tiempo y posteriormente retomó su personaje de toda la vida.
Luego de más de cuatro décadas de desparramar calidad en los encordados, el Signo dirá adiós a los encordados el próximo 17 de marzo, con una función en la Arena López Mateos en donde se reunirá con sus compañeros de toda la vida: el Negro Navarro y Black Power.
Con el Signo se va un estilo de lucha arrebatado, polémico, agresivo y peligroso, pero que sin duda dejó enorme huella en la lucha libre.
Y cuates, ya me voy, Itarita quiere mostrarme sus avances en la danza árabe, dice que se va a quitar los siete velos, y quién soy yo para negarme. Ahí nos vemos y por favor... ¡No me odien por ser bonito!





Comentarios