Mis cuates, ya llegó el galán de las arenas, el consentido de las Divas, el sueño de las edecanes listo para contarles los pormenores de una de las mejores luchas de 1992.
El 8 de diciembre se cumplen 20 años de la batalla de máscaras realizada entre Pierroth y el Supremo en la Arena México, un duelo que resultó más que candente y en el que el Bocazas consiguió el mayor trofeo de su carrera.
A pesar de ser un gladiador ya veterano en aquel entonces, el Supremo era uno de los rudos más reconocidos de su época por su gran técnica, no era un villano de polendas, pero tenía calidad de sobra y por momentos era muy atrabancado.
Y desde que Pierroth se pasó al bando de los consentidos, como que el Supremo le agarró odio y en cada oportunidad le hacía ver su suerte al oriundo de Cuernavaca.
La rivalidad creció rápidamente, vinieron enfrentamientos continuos, duelos mano a mano, por el campeonato semicompleto que entonces ostentaba el Arlequín, y tras varias palizas mutuas, el tan esperado encuentro máscara contra máscara.
La Arena México lució pletórica en esa fecha tan especial, que también significaba el cierre de temporada de 1992, la afición estaba de manera total con el líder de los Intocables y desde que apareció se le entregaron de gran forma.
Luego de que Victorino hiciera las presentaciones de rigor, que se anunciara que el polémico Gato Montini sería el réferi de la contienda y que Sangre Chicana sería el second del enmascarado dorado y Bronco apoyaría desde su esquina al Arlequín, se iniciaron las hostilidades.
El Supremo trató de sorprender atacando a su adversario antes de que sonara la campana, pero Pierroth libró el ataque y por unos momentos tomó el mando de las acciones, hasta que un izquierdazo de Sangre Chicana lo mando a la lona y empezó el Viacrucis para el consentido de la afición.
En esa ronda inicial el Bocazas sufrió mucho más con los castigos que le propinó el Pocho Maldito que con los de su rival, eso sí, el de la máscara dorada hizo trizas la tapa del de Cuernavaca.
Aún así, el Arlequín logró reaccionar y tenía listo a su rival para las tres palmadas, pero Andrés Richardson entró al ring, evitó que el réferi contara, y cuando el "Gato" Montini se descuido, invirtió el castigo para que con espaldas planas el Supremo se llevara la ronda inicial, ante el repudio de los asistentes.
La segunda caída inició con la misma tónica, el Supremo castigando a diestra y siniestra a su contrincante, el público estaba más enojado que los amigos del "Peje" cuando se enteraron que perdió, Chicana seguía interviniendo y golpeando al Bocazas quien ya sangraba de la frente, a las quinientas, Bronco se decidió a ayudar a su muchacho, pero lo único que logró es que el enmascarado dorado y Andrés Richardson le dieran una paliza y lo mandaran sin escalas hasta la quinta fila.
El rudo se dio vuelo castigando a su adversario, en varias ocasiones intentó ahorcarlo contra la tercera cuerda mientras el réferi buscaba algún cubetero que le llevara una fría, pues lucía cansadón, y pues claro que dejaba de ver las acciones, es lógico ¿no creen?
Pero de pronto, Pierroth sacó fuerzas de flaqueza y sorprendió a su rival, se lo llevó con una enredadera, lo puso espaldas planas, sonaron las tres palmadas y se igualaron las acciones.
Para la definitiva, vino una acción externa que benefició mucho al técnico, y es que el Comisionado expulsó a los seconds con lo que Chicana y Bronco tuvieron que irse a los vestidores, y ahora sí la lucha sería definida únicamente por los involucrados.
El Bocazas se engalló y rompió la máscara de su adversario, quien no sabía cómo quitarse de encima los castigos del esteta, pero llegó el "Gato" Montini en su ayuda y se emparejaron las acciones.
Vinieron entonces los momentos de dramatismo, los castigos se alternaron, ambos gladiadores acariciaron en varias ocasiones la victoria, el público estaba al filo de las butacas, pues no querían ver a su ídolo perder.
El Supremo parecía amo y señor de las acciones, pero en un descuido Pierroth le aplicó una desnucadora, seguida por un sentón a la aguayina, le cubrió las espaldas, el réferi, con toda la calma del mundo, contó las tres palmadas de rigor y así el Arlequín conseguía el trofeo más valioso de su carrera.
El enmascarado dorado no entendía lo que sucedía, todavía se le fue encima al Bocazas a quien apaleó y mandó abajo del ring.
La Arena México era un manicomio, la gente festejaba en grande el triunfo del de Cuernavaca. El grito de "que se la quite, que se la quite", retumbaba por todo el inmueble, el rudo lucía como fiera enjaulada, pero terminó por aceptar su derrota y dejó que el propio Pierroth le quitara la tapa.
Tras la máscara del Supremo apareció el rostro de Salvador Cuevas Ramírez, oriundo de Tijuana, Baja California, y con 50 años de edad en ese entonces.
Entre gritos de apoyo, porras y brindis en su honor, Pierroth levantó su preciado tesoro y agradeció al público. Ese momento fue cumbre en la carrera del Arlequín, la química que logró con la afición esa noche fue impresionante.
Y cuates, ya me voy. Itarita ya anda en plan navideño y dice que me está esperando con su gorro de Santa... y nada más, y ante eso, no hay manera de hacerla espera. Ahí nos vemos y por favor, no me odien por ser bonito.





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