Mis cuates, hoy les voy a hablar de uno de los rudos que marcaron época en la lucha libre mexicana, me refiero al Dinamita Mayor, Carmelo Reyes, Cien Caras.
Oriundo de Lagos de Moreno, Jalisco, Carmelo desarrolló el gusto por la lucha y se fue a Guadalajara para ser entrenado por el "Diablo" Velazco, su primer nombre fue Mil Caras, pero tuvo problemas con Mr. Personalidad, por lo que lo cambió a 100 Caras.
La carrera de Carmelo se inició en Estados Unidos, pero no le fue tan bien como esperaba y regresó a Guadalajara, en donde empezó a hacer carrera en la Arena Coliseo, con tan buenos resultados que fue llamado por la Empresa Mexicana de Lucha Libre, hoy CMLL, para hacer temporada en el DF.
Y aunque no lo crean, se inició como técnico y era bueno, incluso fue campeón nacional de peso completo en la esquina de los consentidos, aunque se notaba que no desarrollaba todo su potencial, se veía amarrado.
Pero todo cambió una tarde de 1983, después de algunos errores con sus compañeros, el Halcón Ortiz y Rayo de Jalisco Jr., tomó una actitud pasiva sobre el ring, los dejó morir solos en las primeras 2 caídas, pero de repente, entró al ring y acabó con los 3 rudos en un santiamén, claro que utilizando todas las tácticas de los villanos pero su impacto fue inmediato.
Unas semanas después ya era uno de los rudos más valorados de la empresa, y muy pronto cobró su primer gran trofeo desde el bando de los villanos, la cabellera del Halcón Ortiz.
Los logros para Cien Caras vinieron en cascada, pronto se convirtió en el rudo de moda y cuando su hermano, Máscara Año Dos Mil, se unió a él y conformaron la dupla de Los Dinamita, lucían invencibles.
Los triunfos de Carmelo fueron una constante, los títulos mundiales aparecieron, mientras su rivalidad con el Rayo de Jalisco Jr. crecía como la espuma.
Así llegó el 21 de septiembre de 1990, cuando se dio uno de los duelos de máscaras más importantes de la historia.
La Arena México lució pletórica, incluso durante la función se cayó una barda del inmueble debido al sobrecupo, nadie quería perderse esa batalla.
Cien Caras llegó y le despachó un tremendo golpazo al Rayo, fue una batalla de poder a poder, más de 30 minutos de darse con todo, luego de tres caídas de emociones, llaves, castigos, rudezas y entrega de ambos gladiadores, el Rayo logró el trofeo más importante de su carrera y dio a conocer a Carmelo Reyes.
Pero el Dinamita Mayor no perdió nada, su cínica sonrisa de inmediato le dio más impacto, jamás extrañó su tapa y se convirtió en el rudo más importante de México.
Su ley, impuesta con base en rudezas, castigos excesivos y certeros ataques era lo que valía en las de las arenas del País.
Los logros siguieron y los cambios también, en 1993 abandonó el CMLL y emigró a Triple A, en donde desarrolló una gran rivalidad con Konnan y con el perro Aguayo, al grado que en Triplemanía 1 tuvo una lucha de carrera vs. carrera con el cubano a quien derrotó y lo dejó fuera de competencia por casi un año, pues Carlos Santiago Espadas no cumplió a cabalidad con la apuesta.
Por ese entonces Los Dinamita se convirtieron en trío con la incorporación de Universo Dos Mil y su capacidad de destrucción se incrementó.
Su reinado estuvo vigente hasta los primeros años de este siglo, tristemente, la pérdida de una hija le pegó durísimo a Carmelo Reyes quien dejó de luchar durante un buen tiempo y posteriormente vino a menos.
A pesar de que su historial no tenga muchas máscaras o cabelleras que presumir, el legado de Cien Caras para la lucha libre es grandísimo, miles y miles de aficionados le aplaudieron y abuchearon pero nadie quedaba callado cuando Carmelo Reyes estaba sobre el ring ajusticiando a sus rivales.
Aquellos Capos que acababan con los técnicos haciendo lo que fuera necesario para lograr sus objetivos viven en el recuerdo de miles de aficionados que se deleitaron con las batallas protagonizadas por el mayor de los Capos, Carmelo Reyes, Cien Caras.
Y mis cuates, yo ya me voy, Itarita me invitó a una pijamada para 2 y vamos a jugar a la botella, a ver qué le gano, siiiiiii. Ahí nos vemos y por favor... No me odien por ser bonito.





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