No hay duda de que hay hijos que en un 2 por 3 tiran por la borda lo que a sus padres les costó décadas construir. Me refiero a aquellos luchadores que se pasaron por el arco del triunfo el legado de sus padres, quienes por años defendieron a capa y espada su identidad y sus juniors en un abrir y cerrar de ojos perdieron la máscara... ah pa' hijitos. El claro ejemplo es Lizmark Jr. quien debutó en 1991 y perdió la tapa en 2007 en el 74 Aniversario de la Lucha en México durante el octagonal de máscaras en jaula denominado "Infierno en el Ring". Nada qué ver con su padre, el legendario "Geniecillo Azul", quien se retiró del cuadrilátero tras 32 años de carrera, expuso su máscara en 15 ocasiones y siempre terminó con la mano en alto. Y hasta el último minuto como luchador profesional se negó a despojarse de su tapa, arguyendo que si no la había perdido en el ring, no se la iba a quitar fuera de éste. Pues es muy valiosa como para hacerla a un lado ya que es parte de su vida. Otro que se suma a esta nada honrosa lista es el heredero de Fuerza Guerrera, el imberbe Juventud Guerrera.
Tras su debut en 1992, pasó sin pena ni gloria en la lucha mexicana por lo que emigró a Estados Unidos a la World Championship Wrestling y en 1998, apostó su máscara ante el título de peso Crucero de la WCW en poder de Jericho, quien fácilmente lo destapó y dio a conocer a Eduardo Aníbal González Hernández.
Mientras que su padre, quien debutó en 1978, apostó su tapa en 6 ocasiones y siempre se llevó la victoria.
Otro que no podemos olvidar es Silver King, hijo de Dr. Wagner, quien debutó en 1985 y 2 años después reveló su identidad al ser desenmascarado por el Hijo del Santo.
Si bien es cierto que "El Galeno del Mal" también perdió la tapa, éste lo hizo tras 24 años de carrera y 6 incógnitas en su vitrina, además obtuvo varios campeonatos y después de su muerte sigue siendo una Leyenda.
Lo cierto es que con máscara o sin ella, estos hijos de...sobedientes están muy lejos de igualar la trayectoria de sus progenitores.




